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«No Ha Salido Por La Puerta»

«La señora P. y su marido se habían acostado, pero ella, envuelta en un salto de cama, estaba recostada en la parte exterior de la
cama, esperando el momento de alimentar a su hijito, que dormía en una cuna próxima. La luz estaba encendida todavía, y la puerta de
la habitación cerrada.» La percipiente sigue relatando: «Estaba justamente tratando de incorporarme cuando, con asombro mío, vi
parado a los pies de la cama a un caballero que vestía el uniforme de los oficiales navales y llevaba una gorra de marino con visera muy
prominente. Por la posición de la luz, el rostro quedaba en la sombra para mí, lo cual se acentuaba a causa de que el visitante
permanecía con sus brazos apoyados en la barra de la cama. Yo estaba demasiado asombrada para sentir miedo, pero simplemente no
comprendía qué podía ser aquello: inmediatamente sacudí el hombro de mi marido (que dormía con la cara vuelta hacia mí) y le dije:
"Willie, Willie, ¿quién es?" Mi marido se volvió para mirar hacia donde le indicaba y permaneció durante uno o dos segundos
contemplando al intruso, en un estado de absoluta perplejidad; después gritó: "¿Qué diablos está usted haciendo aquí?" Mientras tanto,
la forma se había incorporado y exclamaba ahora con una recia voz de mando, aunque cargada de leve tono de reproche: "Willie, Willie."
Observé a mi marido; vi que su rostro estaba pálido y era presa de gran agitación. Cuando me volví hacia él observé que saltaba del
lecho, como si se dispusiera a atacar a aquel hombre; pero permaneció de pie junto al borde de la cama, como embargado por el temor o
sumido en una gran perplejidad, mientras la figura se movía lenta y tranquilamente hacia la pared que estaba en ángulo recto con la
lámpara, en la dirección de la línea punteada (en el relato se incluía un diagrama). Al pasar por delante de la lámpara, una sombra
densa, como la que habría producido el cuerpo de una persona al interponerse entre la lámpara y nosotros, se extendió por la habitación,
y, finalmente, la figura desapareció dentro de la pared. Mi marido, que parecía muy agitado, tomó la lámpara y volviéndose hacia mí
exclamó: "Quiero registrar toda la casa hasta ver dónde se ha metido." En ese momento yo también estaba demasiado agitada, pero
recordando que la puerta estaba cerrada y que el misterioso visitante no se había dirigido hacia ella, se lo hice notar: "No ha salido por
la puerta". Pero mi marido no me hizo caso; sin detenerse descorrió el cerrojo, se lanzó fuera de la habitación y registró toda la casa.»
Una vez que hubo desaparecido la imagen espectral, surgieron las preguntas a cerca de qué anunciaría dicha aparición. La señora P. se
mostró muy preocupada, pues pensaba que tal vez su hermano, que servía en la Marina, habría sufrido algún accidente. Pero su esposo la
calmó por completo al indicarle que el espectro que había visto no era otro que el fantasma de su padre. Su relato continúa de la
siguiente manera: «El padre de mi marido había muerto hacía catorce años: Había sido oficial de la Marina en su juventud.»
El sentido de la aparición, le fue narrado, una semanas después, a la señora P. por su marido, contándole a este respecto que habiendo
atravesado por una crisis financiera, se propuso aceptar los consejos de un individuo que, si los hubiese llevado a cabo, le habrían
costado la ruina. Gracias a la aparición de su padre se negó a prestar oídos a tan vil sujeto.
El último tipo de apariciones con el que cierra Tyrrell su clasificación, son los espectros o fantasmas que aparecen en el lugar que
ocuparon en vida.

Una Persistencia Inexplicable

El ejemplo que exponemos a continuación también ha sido tomado de las actas de la SPR:
Veamos el nuevo relato: La percipiente, su marido, su hijastra y dos hijos más pequeños vivían con sus criados en una casa aislada que
aún no hacía veinte años que había sido edificada: «Llevábamos tres semanas en ella –relata– cuando una mañana alrededor de las
once, mientras yo practicaba en el piano del salón, tuve la siguiente experiencia: sentí de pronto la impresión de que una persona me
estaba mirando a través de la rendija de las puertas plegables que estaban a mi izquierda; creyendo que sería un visitante, me levanté
y fui hacia el pasillo, pero no había nadie y la puerta del vestíbulo, que era de vidrio, estaba cerrada. Sólo alcancé a ver la mitad superior
de una figura que parecía ser la de un hombre de semblante pálido y cabello y bigotes negros. La aparición sólo duró uno o dos segundos,
pero vi la cara tan claramente que aún podría reconocerle aunque lo viera rodeado de gente. Me produjo una fuerte impresión. Era
imposible que nadie se acercara a la casa sin ser visto no oído.»
«... Más adelante, alrededor de las 8:30 de una mañana del mes de agosto del mismo año, fui al salón para retirar algo del aparador; al
darme la vuelta, alcancé a ver la misma figura en el balcón, frente a las persianas, que estaban corridas. Tampoco ahora pude ver más
que la parte superior de la figura, que parecía estar en una posición algo encorvada; esta vez la luz venía del vestíbulo y del comedor, y
no daba directamente en el balcón, pero me permitía distinguir perfectamente el rostro y la expresión de los ojos... Días más tarde, en
ese mismo mes, estaba en el jardín jugando al criquet con mis hijos. Desde mi posición, próxima a la entrada, podía distinguir el interior
de la casa a través de un pasillo y del vestíbulo hasta la puerta de entrada. La puerta de la cocina se abría a este pasillo. Vi claramente
la misma cara que me observaba a hurtadillas desde la puerta de la cocina, sólo la mitad superior de la figura. Arrojé el palo al suelo y
corrí hacia la casa.
Una de las criadas había salido y me di cuenta de que la otra estaba arriba, en su dormitorio. Algo más adelante, en ese mismo año,
serían alrededor de las 20 horas cuando bajaba sola por la escalera, y en ese momento oí una voz que provenía aparentemente del lugar
en que se encontraban las habitaciones de mis hijos, cuya puerta estaba abierta. La voz decía claramente, en un tono profundo y
pesaroso: "No puedo dar con ello." Entonces di un grito llamando a mis hijos, pero no obtuve respuesta, no me cabe la menor duda de
que estaban dormidos. Mi hijastra, que estaba abajo, en el comedor, y con la puerta abierta, oyó también la voz, y creyendo que era yo
quien hablaba, gritó: ¿que estás buscando? Ambas estábamos desconcertadas en extremo. Era absolutamente imposible que la voz
perteneciera a ninguno de los moradores de la casa. Las criadas estaban en la cocina y mi marido había salido. Algunos días más tarde,
mientras bajaba por la escalera, después de oscurecer, sentí una fuerte palmada en la espalda. Me asusté mucho, pero no me dañó. No
había nadie junto a mi; bajé corriendo las escaleras y conté lo ocurrido a mi marido y a mi hijastra. Esta confesó que había tenido
experiencias análogas, y la cara que había visto era la misma que vi yo. Una vez, mientras jugaba con su hermano en el rellano de la
escalera, se le ocurrió mirar hacia atrás por encima del hombro, y vio de nuevo a la misma cara. En ese mismo momento su hermano
gritó: «Mira, hay un hombre en el rellano.»

Variedad Alucinante

Los fantasmas pueden presentarse visiblemente, es decir, pudiéndose observar sus contornos e incluso el cuerpo entero del mismo, o
bien parcialmente visibles, como a veces ocurría en las sesiones experimentales con las médiums de principio de siglo, en que dichas
materializaciones fantasmales no quedaban del todo conformadas, observándose torsos, manos, caras, etc.
También puede percibirse la presencia de un fantasma a pesar de que éste no sea visible, bien porque toca al percipiente y éste siente
su contacto, o porque observamos movimiento de objetos, golpes, voces. La clasificación final quedaría, pues, de la siguiente forma:
A) Fantasmas visibles:
- Plenamente visibles.
- Parcialmente visibles.
B) Fantasmas invisibles.
C) Fantasmas de vivos.
D) Fantasmas de muertos.
E) Fantasmas con vida.
F) Fantasmas sin vida.
G) Fantasmas dependientes de una persona viva.
H) Fantasmas independientes, al parecer, de persona viva alguna.
El terror a los fantasmas está plenamente justificado, ya que el testigo, en la mayoría de los casos, pierde sus puntos de referencia con la realidad cotidiana mientras presencia la aparición.Las propias creencias, la fe, la educación moral, la misma idea que poseemos acerca de lo que pueda ser un fantasma, pueden influir sobre el sujeto, quien interpretaría de acuerdo con estas ideas preconcebidas la imagen espectral y hasta las palabras escuchadas. Las apariciones religiosas son un ejemplo vivo de lo que decimos. Difícilmente encontraremos una niña de religión protestante a la que se aparezca la Virgen María.Se ha demostrado que las apariciones se agrupan, en su gran mayoría, en torno al momento de la muerte del agente, decreciendo el tanto por ciento de las mismas a medida que nos alejamos en el tiempo del instante preciso en que ocurrió el crítico trance.


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